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	<title>Comentarios en: El busto de Pablo Iglesias que estuvo enterrado en el Retiro</title>
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	<description>Tu web del Parque del Retiro</description>
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		<title>Por: Tomás Montero</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tomás Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Feb 2018 17:10:18 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&quot;En otro de estos parajes poco frecuentados de El Retiro presencié también, o mejor dicho entreví, otro suceso cuyo sentido tarde horas en descifrar. Ocurrió al otro lado de un alto seto, tras del que yo estaba sentado, entre losas de bancos demontados y materiales de albañilería heterogéneos. Era junto a la casa de fieras.
Dos obreros, que traían un carretillo de mano, se detuvieron a echar un cigarrillo y a charlar. O más bien a discutir. Uno de ellos dijo que no estaba dispuesto a hacer algo que les habían mandado. El otro, aunque lamentaba tener que hacerlo, decía que, de negarse, don Cecilio, el jardinero mayor, les echaría.
-Oye -exclamó el primero-,¿has visto Blancanieves, esa película de dibujos del Monumental?
Despues hubo risas y cuchicheos, con miradas de reojo en derredor. Acto seguido los dos obreros salieron de mi campo visual, para volver a él con un pico y una pala. Cavaron precipitadamente un hoyo y miraron en torno otra vez. A continuación desenvolvieron lo que traían entre sacos. Era una cabeza de piedra. El cuello mellado hacía suponer que fue arrancada de algún busto o estatua. Creí reconocerla. Esta cabeza vio sin duda desfilar ante ella multitudes con el puño crispado, entre tremolar de banderas. Pero ahora estaba allí, en tierra, mutilada, mirando ciegamente al cielo.
Echaron otra mirada en torno y con cuidado, casi reverentemente, depositaron la cabeza en el hoyo abierto y la cubrieron de tierra.
A continuación, hicieron algo que me pareció sin sentido. Cogieron un pedrusco, lo posaron en el suelo, y arremetieron contra él furiosamente, destrozándolo con sus largos martillos de picapedrero. Quedó hecho trizas entre risas, chirigotas y jadeos. Luego, arrojaron los fragmentos en el carretillo y desaparecieron.
Era ya de noche cuando dejé El Retiro. Estuve hablando unos momentos con Jesús Carreras y me olvidé del incidente por completo. Pero, al salir por la Puerta de Alcalá, me vino a la memoria la alusión a Blancanieves y todo se hizo claro.
La madrastra -don Cecilio, el jardinero mayor- mandó al cazador que le llevara el corazón de la niña; pero le llevó el de un cervatillo, un pedrusco cualquiera.&quot;

&quot;Muerte después de Reyes&quot; Fragmento del capítulo 22 de diciembre de 1944. Manuel de la Escalera. Akal Literaria. Ed. 2015.]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;En otro de estos parajes poco frecuentados de El Retiro presencié también, o mejor dicho entreví, otro suceso cuyo sentido tarde horas en descifrar. Ocurrió al otro lado de un alto seto, tras del que yo estaba sentado, entre losas de bancos demontados y materiales de albañilería heterogéneos. Era junto a la casa de fieras.<br />
Dos obreros, que traían un carretillo de mano, se detuvieron a echar un cigarrillo y a charlar. O más bien a discutir. Uno de ellos dijo que no estaba dispuesto a hacer algo que les habían mandado. El otro, aunque lamentaba tener que hacerlo, decía que, de negarse, don Cecilio, el jardinero mayor, les echaría.<br />
-Oye -exclamó el primero-,¿has visto Blancanieves, esa película de dibujos del Monumental?<br />
Despues hubo risas y cuchicheos, con miradas de reojo en derredor. Acto seguido los dos obreros salieron de mi campo visual, para volver a él con un pico y una pala. Cavaron precipitadamente un hoyo y miraron en torno otra vez. A continuación desenvolvieron lo que traían entre sacos. Era una cabeza de piedra. El cuello mellado hacía suponer que fue arrancada de algún busto o estatua. Creí reconocerla. Esta cabeza vio sin duda desfilar ante ella multitudes con el puño crispado, entre tremolar de banderas. Pero ahora estaba allí, en tierra, mutilada, mirando ciegamente al cielo.<br />
Echaron otra mirada en torno y con cuidado, casi reverentemente, depositaron la cabeza en el hoyo abierto y la cubrieron de tierra.<br />
A continuación, hicieron algo que me pareció sin sentido. Cogieron un pedrusco, lo posaron en el suelo, y arremetieron contra él furiosamente, destrozándolo con sus largos martillos de picapedrero. Quedó hecho trizas entre risas, chirigotas y jadeos. Luego, arrojaron los fragmentos en el carretillo y desaparecieron.<br />
Era ya de noche cuando dejé El Retiro. Estuve hablando unos momentos con Jesús Carreras y me olvidé del incidente por completo. Pero, al salir por la Puerta de Alcalá, me vino a la memoria la alusión a Blancanieves y todo se hizo claro.<br />
La madrastra -don Cecilio, el jardinero mayor- mandó al cazador que le llevara el corazón de la niña; pero le llevó el de un cervatillo, un pedrusco cualquiera.&#8221;</p>
<p>&#8220;Muerte después de Reyes&#8221; Fragmento del capítulo 22 de diciembre de 1944. Manuel de la Escalera. Akal Literaria. Ed. 2015.</p>
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