La Rosaleda, de inspiración parisina, fue inaugurada en 1915 por el entonces alcalde de Madrid Carlos Prast. El proyecto, largamente acariciado, llenó de orgullo a los madrileños. Cien años después, es una de las atracciones más visitadas del Parque del Retiro y uno de los escenarios mas románticos de Madrid.

En la primavera de 1915 brotaron las primeras rosas en el Retiro. Mientras Europa se desangraba en la Gran Guerra, el alcalde de Madrid, Carlos Prast, inauguraba La Rosaleda, que ponía a la ciudad a la alturas de las grandes capitales. Fue un proyecto que enorgulleció a los madrileños, que disfrutaban por aquella época de la neutralidad en la contienda y de cierta prosperidad.

En un primer momento se la conoció como “Roserie” o “Rosaría”, pero pronto se castellanizó su nombre gracias a una campaña del periodista Mariano de Cavia. El galicismo no respondía sólo a una moda: es que las rosas fueron traídas expresamente de Francia por el jardinero mayor, Cecilio Rodríguez. Y el proyecto, además, se inspiró directamente en la Rosaleda de La Bagatelle de París, cuyos concursos anuales de rosas daban la vuelta al mundo. Los periódicos de la época se preguntaban por qué Madrid iba a ser menos que París. Así que, por orden del Ayuntamiento, Cecilio Rodríguez viajó a la capital francesa y volvió con un cargamento de flores y unos planos bajo el brazo.

Las rosas se dispusieron en un espacio circular en torno a la Estufa Fría, un invernadero de plantas exóticas que había pertenecido al Marqués de Salamanca y que desapareció tras la Guerra Civil. Esa estufa de hierro y cristal, que había sido adquirida en Londres, presidía el jardín del Palacio del marqués en el Paseo de Recoletos hasta que la crisis financiera forzó al Banco Hipotecario a desahuciar al millonario aristócrata y a quedarse con el edificio. Hoy en día alberga la sede de la Fundación BBVA.

La Estufa Fría y dos fuentes del Palacio, la del Fauno y la de Cupido, fueron compradas por el Ayuntamiento e instaladas en La Rosaleda. Las fuentes del Marqués permanecen ahí un siglo después, pero el invernadero resultó muy dañado durante la Guerra Civil y fue desmantelado. Aún podemos observar su basamento de piedra circundando el estanque de nenúfares en el centro de La Rosaleda. Está documentado el funcionamiento de la Estufa Fría desde 1913. Según la prensa de la época se organizaban exposiciones de crisantemos, pero el proyecto de Rosaleda no fue encargado oficialmente por el Ayuntamiento hasta 1914. La plantación de los rosales comenzó el 29 de marzo de 1915. Al mes siguiente, en abril, la Rosaleda era ya una realidad.

El ratoncito Pérez y La Rosaleda

Carlos Prast fue un alcalde efímero y muy especial. Diputado por el Partido Conservador de Antonio Maura, fue designado regidor de la capital entre 1914 y 1915 tras una exitosa carrera como comerciante. Su familia era propietara, nada menos, de la “Confitería Prast”, en la calle Arenal, uno de los establecimientos más queridos por los niños de Madrid. Tan popular era que el ratoncito Pérez eligió para nacer una caja de galletas de la Confitería Prast. Hoy lo recuerda una placa y un museo instalado en el primer piso del edificio, en Arenal 8. El cuento del ratoncito Pérez, ese entrañable roedor que dejaba una moneda bajo la almohada, fue un encargo hecho por la reina regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, al jesuita y escritor Luis Coloma en 1894 cuando a su hijo, el futuro Alfonso XIII, se le cayó el primer diente. Y al padre Coloma no se le ocurrió mejor escenario para empezar la historia que la confitería de la calle Arenal.

El bisabuelo de Froilán, el auténtico impulsor de La Rosaleda

La historia atribuye al alcalde Prast la inauguración de La Rosaleda, pero la idea de montar este jardín de rosas al estilo parisino fue del alcalde de Madrid entre 1913 y 1914, el vizconde Luis de Marichalar. Este diputado conservador por Soria es el abuelo de Jaime de Marichalar, exmarido de la infanta Elena. Por si queda alguna duda, el periódico “Siglo Futuro” informaba el 28 de enero de 1914: “El alcalde, vizconde de Eza, ha encargado al jardinero mayor la construcción de una Roserie, semejante a la Bagatella francesa”.

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