¿Sabías que el monumento a Alfonso XII es obra del arquitecto modernista José Grases i Riera, compañero de clase de Antoni Gaudí? Y es que el Retiro guarda una estrecha relación con Catalunya desde el año de su creación, en 1633. El arquitecto real que construyó el Palacio y los Jardines del Buen Retiro, durante el reinado de Felipe IV, fue Alonso Carbonell, un albaceteño de origen catalán. Y 18 escultores catalanes tienen obra en el Retiro, entre ellos Miquel Blay, Pere Estany y Agustí Querol.

Un paseo por el Retiro está siempre plagado de referencias a la cultura y el arte de Catalunya. Picasso plasmó el Retiro en varios cuadros de juventud que hoy exhibe el Museu Picasso de Barcelona. Y los mejores arquitectos y escultores del paso del XIX al XX dejaron su huella en el parque, donde también podemos admirar plazas como la dedicada a la Sardana y estatuas que honran a personalidades catalanas como el poeta Jacint Verdaguer.

Tanto el recinto del Retiro como los vestigios que quedan en pie del Palacio del Buen Retiro -el Casón y el Salón de Reinos- son de Alonso Carbonell, o Carbonel, nacido en 1583 en Albacete y descendiente de una rama de este apellido catalán que se instaló en el sureste peninsular. El Estanque fue diseñado también por el propio Carbonell. Tres siglos después su obra sería completada por otro catalán, que levantó sobre el antiguo embarcadero real el Monumento a Alfonso XII, inaugurado en 1922.

José Grases i Riera nació en Barcelona en 1850 y murió en Madrid en 1919 sin haber visto concluida su obra, que fue rematada por el arquitecto vasco Teodoro de Anasagasti. A Grases i Riera le debemos dos de los edificios más bellos de Madrid: La Equitativa, en la calle Alcalá, que sería sede de Banesto y hoy está siendo rehabilitado como hotel de lujo, y el Palacio de Longoria, actual sede de la SGAE en la calle Fernando VI.

En el Monumento a Alfonso XII participaron los mejores escultores del momento. Nada menos que 15 de ellos fueron catalanes. Las sirenas de bronce de la escalinata, que casi se bañan en las aguas del Estanque, son obra de cuatro escultores catalanes: Antoni Alsina i Amils, nacido  en Tàrrega (Lleida) en 1865,  Rafael Atché i Ferré, nacido en Barcelona en 1854 (y autor del monumento a Colón en la capital catalana),  Antoni Parera i Saurina, nacido en 1868 en Barcelona, y Antoni Coll i Pi, que nació en Sant Gervasi (Barcelona) en 1857.

Eusebi Arnau i Mascort, que nació en Barcelona en 1864, esculpió uno de los leones de bronce de la entrada al monumento. Estos leones, que aparecen al lado de un grupo de niños, son obra también de Josep Campeny i Santamaria, nacido en Igualada (Barcelona) en 1865, y Antoine Bofill, otro barcelonés nacido en 1875.

De Agapit Vallmitjana i Abarca, natural de Barcelona (1850), son dos de los cuatro leones de piedra que miran al Estanque desde la escalera principal. Los otros dos son obra de Pere Estany i Capella (Castelló d´Empúries, Girona, 1865). Estany es autor también de la estatua de Chueca (1909) cercana a la Rosaleda, así como de los relieves del friso superior de la columnata del Monumento a Alfonso XII.

Seguimos con la lista de escultores: Josep Montserrat i Portella que nació en L´Hospitalet (Barcelona) en 1860, se encargó del grupo escultórico dedicado al Ejército. Pedro Carbonell i Huguet , natural de Sarriá (Barcelona), donde nació en 1854, es  autor de uno de los relieves del monumento central, el que representa “La instauración de la Monarquía”. A un discípulo de Rodin, Josep Clarà i Ayats, de Olot (Girona, 1878), le debemos la figura alegórica que representa “La Industria”.

Josep Alcoverrro i Amorós, que era de Tivenys (Tarragona), donde nació en 1835, hizo la escultura dedicada a “La Agricultura”. Y Manel Fuxá, nacido en Barcelona en 1850, realizó la alegoría de “Las Ciencias”.

De Miquel Blay (Olot, 1866) es el conjunto dedicado a “La Paz”. De este escultor, al que el Museo del Prado dedicó el año pasado una gran exposición, pertenece también el bellísimo monumento dedicado al doctor Cortezo, esculpido en 1921 y que está entre el Paseo de Coches y el Palacio de Cristal. Además, participó en el monumento a Cuba (comenzado en 1931 y terminado en 1952). A pocos metros de este conjunto se encuentra el monumento al músico Ruperto Chapí, de 1921. Es obra del tarraconense Julio Antonio, nacido en Móra d’Ebre en 1889.

De otro catalán, Agustí Querol, es la estatua dedicada a Claudio Moyano en la cuesta que lleva su mismo nombre, que sube desde Atocha al Retiro. Querol nació en Tortosa (Tarragona) en 1860. Y el monumento al doctor Jacinto Benavente, inaugurado en 1866 en el Parterre del Retiro, es obra de Ramón Subirats i Codorniú, nacido en Móra d’Ebre (Tarragona) en 1828.

Homenaje a personalidades catalanas 

Uno de los monumentos más emotivos del Retiro es el dedicado al llamado “Apóstol del Árbol”. Así se conoce a una figura fundamental en la ingeniería de Montes en España:  Ricardo Codorniú. Aunque nacido en Cartagena (Murcia), su familia era catalana y está emparentada con los fundadores de las bodegas Codorniú. Su estatua, que data de 1926, es obra de Ignacio Pinazo.

A escasos metros del monumento a Alfonso XII hay una plaza circular dedicada a la Sardana. Allí se reúne los domingos la comunidad catalana en Madrid para bailar sardanas. La fuente y la plaza se inauguraron en 1964 y las festividades que allí se celebran son organizadas por el Cercle Català en Madrid. En uno de los extremos de la glorieta se alza el monumento al gran poeta catalán Jacint Verdaguer.  De 1961, la estatua es obra de Miquel Oslé, escultor nacido en Barcelona en 1879.

El Retiro cuenta con una de las bibliotecas más bonitas y concurridas de Madrid. Está instalada en la antigua Casa de Fieras, un zoológico que se hizo construir el rey Fernando VII a principios del siglo XIX. En las celdas donde antes rugían los leones hoy leen plácidamente los usuarios de esta biblioteca municipal. La biblioteca lleva el nombre de un filósofo catalán, Eugenio Trías Sagnier (Barcelona, 1942–2013).

Texto y fotos: Ignacio Bazarra

 

 

 

 

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